Memorias de una pasión. “Una antena para Cenicienta”. Segunda parte.

Para subir al techo de la nueva casa había tres rutas posibles. Primera: Subir la reja de herrería, avanzar dos metros en equilibrio intercalando pasos entre las afiladas puntas para alcanzar una saliente; por la cual, se podía escalar a una pendiente de la fachada que estaba cubierta de una grava decorativa pintada de blanco y que a la distancia, le hacía parecer a la casa de caramelo de la bruja de Hanzel y Gretel. Segunda: Trepar al mejor estilo Koala por el tronco y las copiosas ramas del árbol frontal, evadiendo las melcochas dejadas por los pájaros que ahí anidaban, para colgarse y recorrer a modo de perezoso en el último tramo de la rama que subía al techo. Tercera: Ir por la parte trasera del patio y extender brazos y piernas a manera del Vitruvio de Da Vinci para ascender apoyando entre el último muro de la casa y la barda, para en un felino movimiento, quedar colgado de los dedos en la cornisa y subir a fuerza de torso. Bajar siempre fue más fácil, sólo era cuestión de dejárselo a la gravedad y confiar en que el vaso de leche de todas las noches le diera firmeza suficiente a mi estructura osea.

Era sabido que la cobertura televisiva abierta semanal de la temporada se repartía en 3 emisiones. Domingo a las 12:00 hrs juego de la Conferencia Americana por canal 5, a las 15:00 hrs el partido de la Conferencia Nacional por canal 13 de Imevision (antes de que se convirtiera en TV Azteca) y la emisión de lunes por la noche en canal 4 de Televisa; aún no se institucionalizaban los enfrentamientos de jueves y domingo por la noche.

Acababa de terminar de elevar y fijar mi antena. Sin anestesia previa, ensayos o pruebas era momento de encender el televisor, faltaban sólo unos instantes para el Kick off.

En un acto de misericordia que no entendí en su momento, no hubo manera de ver el partido, de hecho ninguno en ese domingo. La señal del canal 5 no era lo suficientemente fuerte y mi antena sólo captó una ruidosa y copiosa nevada en el monitor. El equipo había sufrido la peor derrota en su historia siendo aplastados y blanqueados en casa por los Browns 51-0. Así mismo, se había roto la racha ganadora de 40 años en el juego inaugural.

La siguiente semana trabajé en algunas mejorías para mi dispositivo. Replicando el paisaje, un rin de bicicleta rodada 17 había sido incorporado y puenteado con la antena, tratando de generar mayor recepción.

Entre las entrecortadas imágenes fui testigo de la apabullada 41 -10 sufrida ante los campeones de conferencia, los Cincinnati Bengals en el “River Front“. Si no hubiese sido por la tenacidad ejemplar del linebacker Brian Hinkle, como verdadero hombre de acero, jugando la mitad del partido con el peroné roto, habría claudicado en la telecomunicante empresa.

Para la tercer semana la luz de la esperanza comenzaba a dar un ligero destello. El segundo rin de la desmantelada bicicleta “vagabundo” recién incorporado, permitió ver siluetas a blanco y negro que se estiraban a lo largo y ancho del monitor cuales hebras de quesadilla de queso. Los contendientes al Super Bowl, Minnesota Vikings, llegaban con una victoria colgada con anticipación al Three Rivers; sin embargo, aquella ofensiva terrestre que sólo había promediado 3 yardas por acarreo entre los dos previos encuentros, fue machacando a la horda y la defensiva sumo en la segunda mitad 5 capturas de QB, 4 de ellas del novato Jerroll Williams. Victoria 27- 14.

Llegaba la semana 4 y la expectativa era ver la explosividad del ganador del trofeo Heisman, primera selección del Draft para los Leones de Detroit, futuro Salón de la Fama, Barry Sanders. Esa tarde la defensa solo le permitió una yarda; mientras que Bubby Brister completaba 3 juegos sin intercepción e implantó una racha de 15 pases completos consecutivos que sólo Big Ben lograría igualar en su año de novato. Triunfo 23-3 y el equipo se ponía 2- 2. Las tardes empleadas revistiendo una a una las varillas de la antena con papel aluminio, le dieron un poco de mas claridad a la imagen.

Con el primer cuarto de la temporada completado parecía que la oportunidad de una revancha podría suceder contra Cincinnati en la semana 5. Ante el tiempo y dificultades que implicaba subir y bajar mi antena, decidí explorar la posibilidad de la compra de una. Acudí a un distribuidor que resultó ser el que acaparaba el mercado local. Luego de unos minutos con una representante que se tomó el tiempo de mostrarme los modelos como si estuviera en una agencia automotriz, pude darme cuenta de que era incosteable, y que a mis 14 años definitivamente no era candidato a un plan de financiamiento.

Con ese mismo sabor a desilusión; el equipo se quedó corto de sorprender a los Bengals perdiendo la ventaja a un minuto del final ante una escapada de 65 yardas de James Brooks. La peor noticia fue que Brister saldría lesionado de la rodilla y tomaría 3 semanas su regreso.

De vuelta en el techo y con un montón de ganchos para colgar la ropa expropiados a mis hermanas, las nuevas extensiones traerían un poco más estabilidad a la señal. Me estaba acostumbrando al sonido de la estática pero sabía que pronto dejaría de extrañarle.

De visita en el estadio municipal de Cleveland en la sexta jornada, con Todd Blackledge al relevo, la historia fue distinta al juego de apertura y la defensa trajo a casa 3 fumbles recuperados, 4 intercepciones a Bernie Kosar y lo mejor, una victoria 17-7, la primera en “la perrera” desde 1981.

Poco duró la euforia pues a la siguiente semana tanto ofensiva y defensiva serían maniatadas. Sin convertir un primero y diez durante tres cuartos y medio, los Houston Oilers nos propinarían la segunda blanqueada del año de visita en “La casa del dolor”. 27-0.

Sin embargo, un heroico Bubby Brister aún sentido de su lesión, regresaría antes de lo esperado dando un colchón temprano de 16 puntos contra los Kansas City Chiefs; colofoneando con un bombazo de 64 yardas para TD al veterano receptor Louis Lipps. Al cierre del encuentro y con el linebacker Hardy Nickerson fuera, Jerry Olsavsky detenía en seco en cuarta y gol a la “Pesadilla Nigeriana“, el poderoso corredor Christian Okoye; asegurando la victoria 23- 17 y un récord de .500 en el ombligo de la temporada.

Con el otoño en plenitud, no se le veía intención a nuestro árbol de perder las hojas, por el contrario; en complicidad con las lluvias y vientos residuales de la temporada de huracanes, la integridad de mi antena se veía comprometida y aun quedaban ocho partidos por delante.

Continuará…

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